El Perú se ha consolidado como el principal poseedor de reservas de plata a nivel mundial, situándose en la cima del tablero geopolítico y económico del siglo XXI. De acuerdo con datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), el territorio nacional alberga aproximadamente 140,000 toneladas métricas de este metal bajo su suelo. Esta cifra representa el 22% del total global documentado, permitiendo que el país supere a potencias económicas de la talla de China, Rusia y Estados Unidos en la tenencia de este recurso crítico para la industria moderna.
La relevancia de este metal ha trascendido su valor como refugio financiero para convertirse en un insumo indispensable en la fabricación de paneles solares, circuitos electrónicos y baterías avanzadas. Esta ventaja estratégica se concentra principalmente en la Cordillera de los Andes, donde se ubican complejos mineros de gran escala como Antamina, Toromocho e Inmaculada. Estas operaciones integran la extracción de plata con otros metales como cobre y zinc, lo que otorga al Perú una estabilidad estructural frente a la volatilidad del mercado internacional y la creciente competencia por el suministro de materias primas.
En el mapa mundial de la plata, el liderazgo peruano es indiscutible frente a otros competidores regionales como México, Chile y Bolivia. A nivel global, solo Australia mantiene un volumen de reservas que se aproxima a la escala nacional, mientras que las grandes potencias industriales han quedado relegadas a posiciones secundarias. Los especialistas del sector coinciden en que la ubicación geográfica y la riqueza geológica de los Andes peruanos revalorizan al país como un actor dominante en la transición energética global, asegurando el flujo de exportaciones hacia los mercados de Asia y Europa.
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