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En el día Internacional de la mujer

El 8 de marzo se celebra el día Internacional de la Mujer, el cual no tendría mayor mérito, sino fuera porque la mujer tuvo que ganarse su lugar para poder incorporarse en actividades educativas, laborales y políticas. La brecha sociocultural que diferencia a hombres y mujeres, se abrió hace muchos siglos y por tanto, ambos géneros hemos ocupado diferentes posiciones en la sociedad, habiendo tenido que tomar la generalidad de las mujeres un rol subordinado; sin embargo, las diferencias de género no son obra de la naturaleza, sino de situaciones básicamente socioculturales y aún hoy en lo más profundo de nuestro inconsciente persisten prejuicios basados en el género, 

sino preguntemos si alguien regalaría a su hijo varón una muñeca,  o si no hemos destinado el tradicional color celeste para el niño y rosado para la niña, entre muchas otras costumbres que parecieran sin importancia, pero empiezan a abrir esas diferenciaciones socioculturales que luego colocan a ambos géneros en diferentes posiciones.


Nuestra legislación al igual que la de casi todos los países del orbe, ha ido reconociendo derechos a las mujeres; pero además de una legislación adecuada, hace falta que la sociedad haga viable la ejecución de estas normas, en base a un trato equitativo para hombres y mujeres, sin diferenciar su género.


Hablar de género implica hablar de roles atribuidos por la sociedad, a los hombres (lo masculino) y a las mujeres (lo femenino), se diferencia del concepto sexo, en que éste último constituye únicamente la clasificación de los seres humanos de acuerdo con ciertos rasgos anatómicos y fisiológicos (hombre y mujer). En términos simples, podemos definir el género como el conjunto de maneras aceptadas históricamente de ser mujer u hombre en cada época, en cada sociedad y en cada cultura. Se dice que el género es “el sexo socialmente construido” ya que es en base a las características biológicas de las personas que se elaboran diferencias de tipo social y cultural.

En virtud a la evolución de la sociedad, el concepto clásico de masculinidad entra en crisis, producto de una serie de cuestionamientos a los “tradicionales” roles que hombres y mujeres cumplen; lo que da lugar a una mayor participación de la mujer en la sociedad y, en consecuencia, los términos de referencia que servían para definir el concepto de “hombre” dejan de tener vigencia. Por ejemplo, el término de referencia “el hombre es más inteligente” es cuestionado, en un momento en que las mujeres entran masivamente en las universidades, son empresarias y ocupan cargos públicos.

Principalmente, desde fines del siglo pasado, se produjeron grandes cambios en el rol que juega la mujer en la sociedad, ya que las expectativas de casi la totalidad de las mujeres dejan de ser únicamente convertirse en madres y amas de casa y ahora cada vez es mayor el número de las que prefieren estudiar para luego ejercer una actividad profesional, donde obtienen los mismos títulos que los hombres y por tanto reivindican su paridad en la vida pública y privada.


Una marcada tendencia de fines del siglo anterior es el incremento de la actividad profesional y laboral de las mujeres, ya no como el reto de la reivindicación de un derecho, sino como una necesidad debido al deterioro económico de nuestro país, lo que ha generado un número cada vez más creciente de mujeres que necesitan trabajar para completar el presupuesto familiar. En este sentido, cada vez son más mujeres las que no dejan de trabajar después de casarse y del nacimiento de sus hijos. Así, en la actualidad, el número de parejas en que los dos miembros de la familia trabajan, parece ser mayor al de las familias en que solo el hombre lo hace; como resultado de esta situación las mujeres han accedido a todos los sectores del empleo y desempeñan cada vez con mayor frecuencia, actividades que antes eran consideradas netamente masculinas.


Sin embargo, hay que remarcar que aun cuando las mujeres hayan ingresado en el mercado laboral y en la arena pública, esto no hay significado un replanteo de la división de las tareas en el hogar, ni tampoco de la jerarquía de los géneros en la familia. La norma por la cual la responsabilidad del hogar y el cuidado de los hijos es tarea femenina, está tan profundamente arraigada en la cultura peruana que no se pone en duda, simplemente así es, En consecuencia, salvo algunas excepciones, el hecho de que la mujer trabaje fuera del hogar significa automáticamente que lo haga por partida doble, pues mantiene la responsabilidad del cuidado y vigilancia en su casa.

Para poder incorporarse activamente en la sociedad, la forma de ser mujer ha ido cambiando con el transcurrir del tiempo, con mayor rapidez que lo ha hecho la forma de ser hombre, pues sin ninguna duda el hombre de ayer sigue siendo similar socioculturalmente al hombre de hoy; sin embargo, resulta innegable que la mujer de hoy no es igual a la mujer de hacer un par de décadas, porque ha asumido roles diferentes, uno de estos roles es el de la actividad política que en la actualidad plantea nuevos retos. Pero este reto debe ir más allá, la mujer será evaluada en las próximas décadas por la capacidad que demuestre para transformar la forma de hacer política y con ello cambiar la percepción negativa que tenemos los peruanos de los políticos.


Es por ello, que, en este día, la mujer debe tener presente, que ya no lucha por ser igual al hombre, sino por el derecho de poder desempeñar en su propio estilo, la actividad o labor que ella decida en base a sus intereses, convicciones y habilidades; sin importar su género.